sábado, 6 de febrero de 2016

El cerebro bilingüe

¿Cómo funciona el cerebro de una persona bilingüe? ¿Cómo influye el hecho de crecer con dos lenguas?

Escrito por Marion Maurin

1. Lo primero, ¿qué es el bilingüismo?

Una definición

A la salida del supermercado, un niño se dirige a su padre en alemán. Al terminar la pregunta, el padre le responde: “Muy bien, ahora en portugués por favor”. Y se repite la misma escena, esta vez, en el otro idioma. Para la mayor parte de las personas, este ejercicio es la demostración de una gran capacidad cuando el bilingüismo parece un mito: ¿será por ello que no existe una definición exacta? Como muestra el vídeo, cada uno tiene su propia idea: para algunos significa ser capaz de comunicarse y de hacerse entender, con más o menos errores, en varios idiomas (también los aprendidos a través de los años). Para otros, por el contrario, la gramática y la pronunciación son fundamentales. Y si a la mayoría de los mortales nos gusta opinar sin argumentar demasiado, a la comunidad científica también le falta criterios para ponerse de acuerdo. Por ello, podemos concluir de este modo: el bilingüismo es un fenómeno relativo que debe medirse según varios parámetros y no a partir de una definición absoluta y, sobre todo, se trata de algo completamente personal y subjetivo.

El bilingüismo: cuestión de feeling

Un idioma no es algo inanimado que se aprende y se domina de forma definitiva, sino que se trata de una cosa viva que se construye y transforma según nuestro modo de pensar y de comportarnos con el mundo. Desde este punto de vista, la lengua está íntimamente ligada a nuestras emociones y a nuestra identidad. Es posible hablar una lengua de forma fluida desde la infancia y, aún así, no sentirse necesariamente bilingüe: esto sucede, por ejemplo, cuando no se vive en el país donde se habla esa lengua y, por consecuencia, donde no se viven las influencias culturales, humorísticas o sociales.
Asimismo, se podría decir que el bilingüismo se consigue cuando se supera la frustración típica de las primeras fases del aprendizaje de un idioma y uno se siente preparado para expresarse sin ningún tipo de bloqueo. En este vídeo hemos intentado explorar esta percepción partiendo de una base común: el bilingüismo está sobre todo presente en niños que han sido educados en dos idiomas maternos distintos y que son capaces de pasar de uno a otro de forma natural.
La pregunta que queda en el aire entonces es: ¿cuáles son las particularidades del cerebro bilingüe?

2. El cerebro bilingüe

Mundo y lenguaje

Un idioma viene definido por un conjunto de sonidos o como un código que sirve para comunicarse y que representa nuestro primer vínculo con el mundo. El recién nacido que grita y llora al llegar al mundo lo hace para expresarse y llamar la atención. Las palabras, la sintaxis, la gramática, todo eso llega más adelante y contribuyen a construir nuestro universo mental que ayuda a estructurar el modo en el cual percibimos al mundo. Un bilingüe puede hacer uso de dos sistemas de referencias lingüísticas para describir una sensación o expresar una idea. Por mucho tiempo se pensó que esto podría llevar a confusiones, sobre todo entre los niños de más tierna edad. Después del 1962, gracias a un estudio de Pearl y Lambert sobre la relación entre el bilingüismo y la inteligencia, la tendencia científica cambió su rumbo. En los últimos decenios, varios estudios han subrayado la existencia de una “conciencia metalingüística”, esto es, una actitud predominante entre las personas bilingües a resolver enigmas cognitivos sin pasar por el lenguaje: como si, enfrentándose a una ecuación matemática, un bilingüe tuviera más capacidad para resolverla.

A cada uno su camino

Imaginemos que la lengua sea un camino que atraviesa aquello que vemos, pensamos y expresamos: la sintaxis representa el itinerario, la gramática el medio de transporte y las palabras los puntos de referencia que marcan las diferentes etapas. ¿Qué es lo que pasa cuando hay dos puntos de referencia en vez de uno solo? Que entonces podremos elegir entre “pain” o “Brot” (pan). El ejemplo puede resultar facilón pero, como ahora veremos, las dos palabras no evocan la misma imagen: por un lado, “pain”, la baguette crujiente, caliente, dorada y para tomar con queso, por el otro, el “Brot”, un pan oscuro y con semillas, compacto y muy nutritivo. Ambas palabras no pertenecen a la misma imaginación, no evocan los mismos recuerdos, las mismas emociones o los mismos códigos sociales. En otras palabras, pertenecen a dos contextos diferentes. Los bilingües pueden entonces escoger la palabra “pan” que deseen para su comida, y con ella, un paisaje único. Para que se entienda mejor, podríamos comparar el bilingüismo con la sinestesia, la figura retórica que indica la fusión entre dos o más sentidos como la vista y el oído. Por ejemplo, la sinestesia hace posible ver literalmente la música en diferentes colores. Gracias a ella, la descripción de los sonidos puede estar enriquecida de imágenes y metáforas. Sobre este principio de asociaciones múltiples se fundan muchas poesías y expresiones lingüísticas, como por ejemplo la clásica oposición entre los colores cálidos y los colores fríos. Cuanto más aumentan las conexiones, más posibilidades tiene el cerebro de considerar un objeto y describirlo con palabras. La ciencia habla de “flexibilidad cognitiva”, una habilidad que hace referencia al pensamiento creativo y que está especialmente desarrollada en las personas bilingües.

3. Lenguaje y creatividad

Nunca es tarde para aprender una lengua nueva

Solamente un 13 % de los países de las Naciones Unidas es monolingüe. Pero si no estamos entre los afortunados que tuvieron la oportunidad de crecer en un entorno multilingüe o de haber aprendido dos lenguas a la vez desde la más tierna infancia, ¡no hay que desesperarse! Nunca es demasiado tarde: aprender un idioma nuevo es como empezar a practicar un deporte que mantiene despierto y activo el cerebro, que estimula las conexiones neuronales y que hace que nos sintamos jóvenes de espíritu. Además, el “paisaje” mental del que hablábamos se ampliará tanto como las ganas invertidas en aprender un nuevo idioma: cada idioma expresa conceptos y emociones de formas diferentes.

Liberar al artista que llevamos dentro

Algunas personas reconocen que el haber aprendido una nueva lengua les ha permitido sentirse más seguros de ellos mismos, más abiertos, más tolerantes y más creativos. El hecho de poder encontrar un modo alternativo de decir las cosas, de expresar un concepto cuando la palabra que queremos decir la tenemos en la punta de la lengua, ¡puede dar lugar a creaciones fantásticas y muy originales!

¡Mejora tu actividad cerebral aprendiendo un segundo idioma!

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